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Dosis de realismo

Lupatech OFS: una apuesta al  desarrollo petrolero del país
Hugo Javier Escorcia Palma
Director - Fundador


El sector minero-energético se ha transformado en un símbolo de predestinación nacional para elevar el nivel de vida de los colombianos, para sacar a muchos de la pobreza y  a la vez, para  fortalecer las  fuentes de riqueza de la nación,  pero  más  que todo para garantizar el  abastecimiento  de los servicios básicos de la población, como  electricidad,  gas y  combustibles limpios.
Colombia, además de poseer un gran potencial minero, es uno de los países con mayor biodiversidad de recursos que necesitan ser explotados con una visión integrada  de eficiencia  y sostenibilidad.
En estas condiciones las perspectivas que tiene el sector tanto en ámbito nacional como en el internacional son elocuentes. En cuanto a recursos  externos, entró a sustituir al sector cafetero que durante más de 60 años aportó la mayor parte de las  divisas del país. Todo este nuevo panorama  requiere de una regulación eficiente  y de una guía de acción para la definición de políticas coherentes y convergentes en el corto, mediano y largo plazo, pero afortunadamente en eso está empeñado el gobierno con una profunda reforma para administrar apropiadamente los recursos.
Precisamente  en el Plan Energético Nacional  a 20 años, se precisa que dentro del nuevo contexto internacional,  es indispensable hacer énfasis en la seguridad de los suministros, lo mismo que en la eficiencia y el resguardo de patrimonio medioambiental.
Están también dentro del orden  de políticas coherente  los mayores precios esperados del  conjunto de los energéticos a raíz de los movimientos de las convulsionada naciones productoras del medio oriente y de la recesión que se vislumbra en varias de las potencias económicas del mundo industrializado, incluido Estados Unidos donde un sector muy grande de la población desconfía de la política económica del Presidente Obama.
 Son igualmente motivo de análisis las metas macroeconómicas y sociales  que requieren de una visión integrada donde se considere a la vez, la abundancia relativa de cada recurso, las posibilidades de su consumo  interno y la permanencia de ingresos por exportaciones de bienes energéticos .
 No hay en el  horizonte nubarrones  ni palos  que entrañen un peligro eminente de   descarrilamiento  de la locomotora del desarrollo, pero eso no quiere decir que no subsistan  obstáculos para llegar finalmente a las metas previstas. Fíjense que desde diciembre del año pasado estamos hablando de la producción de un millón de barriles de crudo diarios y sin embargo no hemos llegado a ello y no porque no haya reservas, sino porque para sacarlas hay dificultades de  diversa índole, entre otras, de orden público y condiciones metereológicas adversas cuya solución no está al alcance inmediato.
La ola invernal, no sólo afectó a millones de colombianos, sino que puso  al descubierta la fragilidad de la infraestructura física del país, incluyendo los medios de transporte de los combustibles. El caso de Dosquebradas, nos señaló como de un tubo depende el suministro de medio país.
El propio ministro del ramo reconoció que una buena parte de la infraestructura  de transporte de crudos, gas y combustibles es obsoleta. Data de 30 años y además varios de esos  tubos atraviesas terrenos impropios para su sostenibilidad.  
En buena parte está situación está acelerando la decisión oficial de pedir al Congreso la aprobación de una nueva ley que permita vender otro 10% de las acciones de Ecopetrol para arbitrar recursos con destino a la recomposición de la infraestructura física del país, incluyendo la del sector petrolero. Recuerden que el presidente Santos dijo que el invierno ha sido el karma de su gobierno.
 Todo hace pensar que a finales del  2012 lleguemos a un crecimiento del 6% con aumento de la producción industrial del 5% o 6%   y unas ventas manufactureras muy similares.
Hay un consumo final en ascenso,  unas tasas de interés  aceptables,  crece la producción de bienes de capital, subsiste  una excelente dinámica de exportaciones industrias y perspectivas muy halagadoras para los hidrocarburos.
Fuera de eso el gobierno ha anunciado más de seis billones de pesos para las licitaciones viales, en obras de reconstrucción de vías, pero aún subsisten los problemas comerciales con Venezuela, hay sobrecostos del transporte en todas las modalidades, la tasa de cambio no es del todo confiable y está prevista una desgravación arancelaria que puede  estimular  la competencia de productos importados.
Pero por el lado positivo hay que mirar retrospectivamente el país de unos años para comprender mejor los avances logrados en el sector minero energético, a la luz de algunos indicadores estratégicos del área, que han contribuido sensiblemente al mejoramiento de las condiciones de vida de los colombianos tanto de las áreas urbanas como  rurales.
Dos décadas atrás, por ejemplo,  la gasolina blanca y el cocinol eran los productos  más comunes y representativos  en las cocinas de las amas de casa de las grandes y medianas ciudades y en la población rural las opciones aún eran más reducidas.  Casi siempre eran carbón y leña.
Hoy todo, cuan distinto, la revolución del gas cubre casi la totalidad de nación urbana y de significativos sectores rurales, con una cobertura del 53% de los hogares.
La luz, no obstante de mantener el valor de su  factura en un nivel muy alto, dejó de ser un poco el factor discriminatorio  entre el rico y el pobre.
En fin, el panorama que tiene por delante el sector energético-minero es ampliamente halagador, pero requiere de una gran dosis de realismo para que la locomotora del desarrollo no se convierta en la locomotora de la lechera.





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