Prudencia
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Hugo Javier
Escorcia Palma
Director - Fundador
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La industria petrolera colombiana es
actualmente el eje de la economía
nacional. Su aporte al producto interno
bruto es superior al de otros sectores
que tradicionalmente habían liderado el
desarrollo del país, como el café, las flores,
el banano y el carbón.
El petróleo vincula a casi todos los
sectores productivos a la economía en un
contexto general útil a la comprensión del
desarrollo empresarial. Siempre se ha dicho
que es el energético mas importante en la
historia de la humanidad que aporta el
mayor porcentaje de energía que se consume
en el mundo. Se conoce de su existencia y
utilización desde épocas milenarias, pero
como elemento vital y factor estratégico de desarrollo es relativamente
reciente, de menos de 200 años.
La circunstancia de que el llamado oro negro no se encuentre en
todas partes y por lo contrario se halle en los lugares más difíciles, hace
que su precio varíe sustancialmente porque antes de cada hallazgo
hay que cumplir con una serie de investigaciones y construcciones
petrolíferas de alta tecnología que son muy costosas y que el país
todavía, a pesar de su notable crecimiento, no está en condiciones de
satisfacer plenamente.
De ahí que Colombia haya tenido que acudir al capital foráneo para
poder explotar sus pequeños, medianos y grandes descubrimientos de
crudos. Pero obvio, la presencia de esta inversión extranjera requiere de
unas condiciones de seguridad tanto jurídicas, políticas, económicas, de
orden público y más que todo de condiciones equitativas, saludables y
buen ambiente. El capital es el bien mas escaso, aquí y en todas partes
Se podría decir que estas son condiciones que rigen para todos los
sectores productivos que necesitan financiación para su desarrollo, pero
en el caso del petróleo se requiere de algo más porque desafortunadamente
es un recurso que se encuentra en regiones muy apartadas donde la
presencia del estado no ha sido ciertamente satisfactoria ni elocuente..
Desafortunadamente buena parte de las zonas productoras de crudos
están afectas por actividades guerrilleras, que además de su crueldad,
buscan imponer condiciones extorsivas a las compañías petroleras a
través de secuestros y otras prácticas abominables.
Y si a esta situación se añade la exigua prudencia en sus
declaraciones de altísimos funcionarios del Estado, se configura
un panorama tortuoso y poco amigable para algunas compañías
petroleras que sin querer se encuentran en medio de un conflicto en
el cual no tienen arte ni parte.
Eso obviamente afecta el desenvolvimiento de una actividad
que internamente se ha constituido en la locomotora del desarrollo
nacional y a nivel externo representa casi el 40% de las exportaciones
del país. Es natural que la actividad guerrillera sea condenable por
donde se quiera mirar pero no es propio exacerbar los ánimos hasta
límites inconvenientes para los intereses del país.
Colombia no está todavía en capacidad de emprender sola, por su
cuenta, algunas actividades petroleras que requieren estudios geológicos
de alta precisión antes de proceder a la perforación y posterior
extracción de los combustibles. Es posible que contemos con infraestructura
de avanzada de refinación y transporte pero carecemos todavía
de las tecnologías apropiadas para el aprovechamiento óptimo
de los recursos.
Dadas las implicaciones que genera el petróleo en el comportamiento
de la economía del país es preciso que la prudencia en las relaciones con
las compañías que trabajan con Colombia se coloque en el mejor nivel.
Justamente ECOPETROL, que está cumpliendo 60 años, se prepara
para que la participación del petróleo en la economía tenga el mayor
impacto en las finanzas públicas, en los impuestos que recibe el gobierno
y en las regalías que van para las regiones. Por eso, la entidad está
dentro de esta tónica de comprensión.
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